LE ROI MIGUEL
Todos nos hacemos mayores, hay que ver, hace 20 años que Miguel ganó su primer Tour. Recuerdo con incredulidad mi caso en 2008. La conmemoración del décimo aniversario, no parecía tanto, pero los 20… Perdonarme este lapsus de nostalgia, pero muchos de vosotros, que hayáis seguido más o menos de cerca nuestra trayectoria deportiva, le pasará algo parecido.
Pues sí, este año en la marcha quiero rendir honores a la primera victoria de Indurain en el Tour. Como tantas cosas en la vida, la primera vez de algo, permanece más en nuestra memoria en el tiempo que otras de la misma relevancia.
Muchos aficionados pensaron que el primer Tour de Indurain, tenía que haber sido el del ’90. Pero en aquel entonces, nuestro campeón tenía mucho respeto a la última semana, porque entre que estaba lo más exigente de la carrera y donde la fatiga se convertía en agonía, no estaba muy convencido que pudiese asumir esa responsabilidad. Eso sí, ese año le sirvió para ‘digerir’ perfectamente una carrera de 3 semanas, junto con la alta montaña (con victoria en la etapa de Luz Ardiden). Fantasmas que a un buen corredor le provocan miedo a la hora de querer coger la responsabilidad en el equipo.
Así, en ese 1991 íbamos a ser dos líderes en el Banesto para el Tour, pero sólo habrá un ganador. ¿Qué pasará? Como se dice siempre en el ciclismo, ‘la carrera pone a cada uno en su sitio’. Yo no iba muy fino, me notaba sin chispa a lo largo de los días, había corrido demasiado antes de afrontar la ronda francesa. Me gustaba competir y descansar, para mantenerme fresco, pero por aquel entonces era competir y competir para coger la forma. Por otro lado, Miguel seguía progresando venía de hacer 2º en la Vuelta, detrás de Mauri.

Fue el primer triunfo de Miguel en el Tour, luego vinieron otros, pero los primeros son algo especiales, pues tienes incertidumbres de todo tipo. Los años posteriores no fueron fáciles, pero todo su potencial estaba ya desarrollado. Así vimos a un ‘extraterrestre’ en la contrarreloj de Luxemburgo en el ‘92, grandes duelos individuales con Tony Rominger en ‘93, o Pantani en el ’94, o contra todo un equipo, la ONCE en Mende en 1995, en la mejor versión que he visto de Indurain, por su ambición en carrera y no reservarse en las contrarrelojes para marcar la diferencia. Después llegó ‘el Tour Que No Ganó’ y una despedida del ciclismo demasiado inesperada.
Miguel ha dejado como herencia al ciclismo, no sólo los 5 Tour, 2 Giros e innumerables éxito (medalla olímpica incluida) sino el ciclista que es todo un Señor, un Caballero, el deporte del Fair Play, de ganar y dejar ganar y todo esto vale también otros toures. velo).
