16ª MARCHA CICLOTURISTA PEDRO DELGADO
Domingo 16 de agosto de 2009
Es la respuesta al interesarme por saber cómo le había ido el día a uno de los fieles colaboradores de la Marcha.
Concluida más o menos la Marcha y a eso de las seis y media nos fuimos juntando un año más los diferentes responsables de la Marcha para hacer balance de lo acontecido.
Desde mi punto de vista ha sido la más dura de cuantas se han celebrado. Lógicamente el recorrido era el mismo de otros años, pero el fuerte calor y el viento de cara en los últimos 40kms nos dio un punto de fatiga y sufrimiento extra a todos. Las ediciones pasadas el viento no había estado presente o éste fue favorable. Esta circunstancia ha provocado que muchos llegasen totalmente rotos. Como parte de la organización también hemos sido testigos de esta dureza.
Primera preocupación en esos encuentros a posteriori, las caídas. Cómo somos muchos es algo inevitable y todos los años 'rezamos' para que esto no ocurra, o al menos nadie se haga mucho daño, pero... Desde el primer año siempre ha habido una estadística, uno se rompe la clavícula y también ha sido así este año. Otros dos también acabaron en el hospital por sendas caídas, pero hubo un gran número que necesitaron atención médica por deshidratación, desfallecimientos y mareos provocados por el fuerte calor. Melero me comenta que subiendo el último puerto, Navafría, el coche marcaba 37 grados, 'casi na'. Afortunadamente en los avituallamientos hubo líquido, en cambio en la llegada quedamos secos en algunos aspectos.
Aunque había agua suficiente, la gente quería otra cosa. Los refrescos se acabaron con gran indignación de alguno. Lamentablemente, el enfado fue mayor cuando vio como otros, que llegaron más tarde, se estaba tomando un refresco. ¿Qué pasa? ¿No decían que se había acabado? ¿Es que tengo cara de primo? ¿Por qué no me han dado a mí? Serían preguntas que se haría. La respuesta fue muy elemental. Había llegado la gente del primer avituallamiento y con lo que les había sobrado, se puso otra vez a disposición de los participantes. Lógicamente esto sucedió en un par de ocasiones, hasta que finalmente no hubo más. Afortunadamente agua siempre hubo.
A nivel personal fue la más accidentada de todas. Un pinchazo a los 500m de salida del Acueducto, me obligo a repararlo a la vieja usanza, es decir, echar mano de desmontables, cámara de repuesto, etc. Esto me hizo perder el control de la parte neutralizada y cuando reinicie la marcha no veía la cabeza. Me puse a tope pero en esos 12km fui incapaz de tomar las riendas. Luego me contaron que muchos participantes estaban revoltosillos y no hacían caso de los avisos del coche de la organización. Creo que tendremos que tomar medidas más severas para que esos kilómetros sean para ir tranquilos TODOS, al ritmo de gente menos preparada, ya habrá tiempo de apretar más tarde. Por cierto, aunque no lo pude disfrutar por el stress, es una auténtica pasada ver semejante pelotón por detrás.
Ya con la marcha libre y como iba lanzado, intenté seguir progresando en el inmenso pelotón. Aunque iba ganando puestos, uno ya no está para estos trotes y veía, que me iba a pasar factura tal derroche de energías. Así que nada más comenzar Navacerrada, me relajé un poco en el ritmo.
Bajando Cotos empiezo de nuevo a progresar, pero con cuidado, hace años me caí al ir a adelantar a uno y desde entonces tomo precauciones. De nuevo te vas encontrando con algún accidentado y es que este descenso tiene su peligro cuando bajamos tantos ciclistas juntos. Por cierto, vi algunos que me pusieron los pelos de punta, no por la velocidad, sino porque iba por el carril izquierdo en curvas sin visibilidad. A duras penas se lo digo a quien puedo, pero por más que se repita, que la circulación es libre, hay algunos que no lo entienden. Prefiero no pensarlo mucho para no cabrearme y seguir la ruta. Cuando llego a Navafría y donde se cambia de brea a adoquinado vuelvo a pinchar. ¡Maldita sea! Vaya día llevo.
Vuelvo a bajarme de la bici y cuando estoy liado con los desmontables llega uno de los coches Shimano. Reparo inmediatamente y vuelta a dar a los pedales. 200 metros después una nueva circunstancia interrumpe mi recorrido. Un Guardia Civil nos obliga detenernos ante el paso de un numeroso grupo de gente. Al principio creí que era una romería o algo así, pues Rascafría en estas fechas está de fiestas, pero a medida que íbamos detrás de ellos y con la llegada de más ciclistas, alguno de los recién llegados empezó a adelantar a dicha 'procesión' y empezaron a exaltarse los ánimos de deportistas y de la gente que se sentían agredidos por la presencia repentina de estos. Allí nos enteramos que era un entierro. Así entiendo el malestar que se vivió en algunos momentos de crispación, por un lado los que velaban el dolor de alguien querido y por el otro la alegría de los ciclistas que no querían perder demasiado tiempo. Con tantos abatares decidí tomármelo con mayor tranquilidad, pues parecía que este año me acompañaba un gafe.
Hasta ese momento, algunos acompañantes de viaje me hacían alguna que otra broma, pero no tenía el mejor humor para chistes. Poco a poco me fui relajando en la subida a La Morcuera y no fue hasta la cima de Canencia, donde me estaba esperando Pereiro, cuando me volví a meter en la Marcha. A partir de entonces a sufrir a rueda de uno y otro acompañante ocasional y de reojo miraba a Pereiro que iba de ´motorista´, hablaba con uno y con otro, mientras yo me exprimía.
Para no pensar demasiado en el dolor de piernas, me puse a recordar otra época pasada. Cuando yo subía este mismo puerto con peor carretera y con un plato de 41x19. Ahora llevaba el 39x25 y en algunos tramos se me atragantaba. ¡Hay que ver como pasan los años!
Ya en el último tramo, Oscar nos hizo unas cuantas series cogiendo a diferentes grupos que rodaban por delante. Que si no me quedé era porque Oscar estaba al tanto mío y cuando cedía levantaba el pie. Así que al final me pegue un buen sofocón, marchando los últimos 30km acalambrado. Una experiencia más y un buen palizón pa el cuerpo.
![]()